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El monstruo de las toallitas que se alimenta de tu falta de concienciación

Las toallitas acumuladas en los desagües toman forma y casi que autonomía, un fenómeno global del que Castelló no se libra

 

Aquí se puede ver la masa que forma el monstruoso cúmulo de toallitas que habita en las alcantarillas de cada ciudad - gestoresderesiduos.org

Adrián del Barrio
21/02/2019

Un agujero en el que uno echa casi cualquier cosa, le da a un botón y en cuestión de segundos desaparece. Es tan tentador como cómodo, ¡para qué vamos a engañarnos! Unos cuantos litros de agua, y esa toallita higiénica, ese trozo de algodón, ese cigarrillo o ese salvaslip se van por el inodoro para no volver nunca más.

Un agujero que es una boca y que lleva a un tracto digestivo: la depuradora. La basura que marcha fácil es un snack para el monstruo alimentado por los residuos no reciclables. Y el monstruo crece, llega a adulto y hay que sacrificarlo, porque obstruye el alcantarillado y las plantas de procesado de residuos. Pero mientras siga comiendo, el consumidor se despreocupa y sigue llenando el cuenco de su desconocida mascota. Y bajo cada finca nace y crece una.

Solo en la estación depuradora de aguas residuales de la capital se retira a diario tonelada y media de residuos sólidos urbanos, mayoritariamente toallitas higiénicas. “Debido a su nula desintegrabilidad, ya que no están fabricadas con celulosa natural como sucede con el papel higiénico, al pasar a la red se enredan entre ellas y causan emboces en los propios desagües domésticos”, argumenta Ernesto Santateresa, jefe del departamento de Vertidos del Área de Saneamiento y Depuración de Facsa.

Liberar una tubería del monstruo cuesta una media de 200 euros para una comunidad de vecinos. Una derrama cíclica, ya que Santateresa estima que la basura que se recoge en los tamices de las depuradoras oscila entre los 2 y los 5 kilos por persona al año.

Y como el problema es común en todas las fincas, tanto en Castelló como en España y Europa, son los ayuntamientos los que se encargan de poner tierra de por medio. Y así, la suma asciende a 200 millones de euros al año los dedicados a estas extracciones en España.

Pero lo peor es lidiar con este villano inanimado cuando invade los espacios públicos, los ríos y barrancos tras una fuerte lluvia. Ahí es cuando las toallitas salen a la superficie y “hay que utilizar grúas para sacarlas a la vía pública”, apunta el jefe de Vertidos, para retirar las que se han quedado enganchadas y reparar los daños.

¿Y cuál es la solución? Hay algunos ayuntamientos que prohiben tirar estos productos al inodoro bajo amenaza de multa. Es una opción. Los expertos, en cambio, apuntan a que la clave está en la concienciación. Una toallita es un sólido no disgregable y tiene que ir a la basura.

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