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ENTREVISTA

Poesía, rock y cabaret con Las Hermanas del Desorden en la sala Zona 3 de Castelló

Entrevista íntegra sobre su último trabajo, 'La musa suicida', y su aterrizaje en la Plana el miércoles 24

 

Las Hermanas del Desorden, posando con su vestuario y atrezzo escénicos - Diambra Mariani

Adrián del Barrio
16/04/2019

Las cuatro Hermanas tienen mucho que expresar, y a eso le acompañan muchas formas de hacerlo. En sus espectáculos defienden un género propio con inspiraciones tan distantes como David Bowie o el cabaret, mezclado con sus versos y composiciones propias.

Tienen mucho que decir y (¿casi?) todo puede decirse sobre el escenario, donde una es quien quiera ser. Ponen en sus voces, cuerpos e instrumentos sus mensajes en vivo, sean comedias o dramas, entonándolos o recitándolos. Y esta misma entrevista es prueba de ello: las cuatro participan, las cuatro aportan matices, son relatos que detallan las motivaciones del proyecto. No es algo que se dediquen a explicar, pero sí a inspeccionar y divagar en una búsqueda artística.

Su último trabajo es el poemario La Musa Suicida, donde se narra el viaje de la Musa (este personaje casi fantasmal y arquetípicamente femenino que inspira a los artistas) para convertirse en autora. Así, su suicidio se convierte en su primera obra de arte.

Las Hermanas nacen en el 2013 y actualmente son Belén Berlín, Ale Oseguera, Mad Pirvan y Laura Tomás, veteranas de la escena del cabaret poético de Barcelona.

P: ¿Qué es exactamente el cabaret poético? ¿Es como una especie de ópera rock alternativa?

BELÉN: Consiste en llevar el formato cabaret (números cortos a menudo con base musical, de disciplinas diversas, que a menudo tocan la sátira o temas sociales pero no necesariamente) a un terreno más experimental y en el que la poesía está presente no solamente en sí misma sino como manera de cohesionar y darle unidad al espectáculo.

LAURA: Mantiene sin duda puntos en común con una ópera rock: los álbumes mantienen un hilo temático/narrativo, los espectáculos están compuestos como una obra completa y no como piezas sueltas y suelen trabajarse mucho las piezas corales. No obstante hay una gran diferencia: el elemento del que menos se empapó el rock en su cruce con la ópera fue la teatralidad y el dramatismo. Para ser justas, el nombre más adecuado sería cantata-rock, ya que rara vez incluye la teatralización propia de la ópera.

Por otro lado tenemos el cabaret poético. Las Hermanas del Desorden estamos sostenidas entre esos dos mundos.

ALE: Un proyecto multidisciplinario como el nuestro es difícil de etiquetar y estamos conscientes de ello. No somos poetas al uso haciendo sólo lecturas en librerías, nuestros espectáculos no son obras de teatro convencionales y tampoco ofrecemos entera la experiencia concierto. Es una mezcla de todo ello, así que hemos decidido acuñar el término Poesía Eléctrica, como una especie de género o subgénero que definiría esta fusión de elementos con el fin de crear una experiencia multisensorial a partir de la poesía.

¿Qué influencias traéis a la estética y la puesta en escena de Las Hermanas del Desorden?

 MAD: Nuestra estética busca reflejar la unidad en el caos y en la diversidad. Las cuatro tenemos personalidades muy diferentes e intentamos celebrar esta divergencia en nuestra puesta en escena. Aunque pactamos un elemento estético común y seguimos la misma clave teatral, cada una de nosotras lo interpreta de una forma distinta y propia. Hay muchas influencias a nivel personal que vienen de artistas inspiradores y en el grupo mas bien se refleja una actitud ante el mundo, de rebelión y empoderamiento, de soñadoras y luchadoras, de punkies del paganismo.

B: La estética es una manera más con la que nos comunicamos con nuestro público. Cada show es único y tiene un espíritu diferente, pero por supuesto también nos influye el espacio en el que vayamos a actuar, la época o estación del año, o las inquietudes del momento (películas, exposiciones que hayamos visitado...). Por supuesto los reyes en esto son David Bowie, Amanda Palmer y Madonna, por decir unos cuantos. A la hora de decidir puesta en escena y estética nos podemos fijar en el suprematismo soviético, Courtney Love y las Riot Grrrls, los New Romantics de los '80, el ocultismo, las películas de Dario Argento, etc.

¿Qué aparece primero en la creación, el disco o el poemario? ¿O tenéis la capacidad de entrelazar ambos procesos?

A: Desde que comenzamos a trabajar juntas en 2013, hemos partido siempre del texto. La base de nuestro trabajo es literaria y trabajamos mucho para que los poemas tengan calidad no sólo por sus posibilidades sonoras o teatrales, sino también en la lectura. Por lo general trabajamos individualmente los poemas, aunque se ha dado el caso de textos escritos en común o que han nacido de una propuesta colectiva, como el poema que da título a nuestro libro/CD: La Musa suicida.

Luego, los ponemos sobre la mesa. La que escribe comparte la raíz del poema, sus motivaciones, el mensaje, la emoción, el “desde dónde está escrito”, para que las demás podamos interpretar eso en lenguaje escénico y/o musical. Entonces probamos: con música, sin música, con un cierto estilo de teatralidad, a coro o recitado en solitario, con qué tipo de instrumentos, atrezzo, etc...

L: La música intenta buscar la esencia de cada texto y adaptarse a ella. El punto principal es que la música debe tocar los mismos resortes que toca el poema, trabajar en una misma dirección. El texto es lo primordial, primero lo escuchamos: si no tiene que sonar nada, no tocamos nada. Creo que esa es la idea de humildad que debe adoptar cualquier interprete de un grupo para convivir con otras artes, descartando el exhibicionismo técnico.

B: Muy al principio empezamos uniendo nuestros poemas a covers de canciones que creíamos que podían dialogar entre sí y el resultado fue bueno. Pero si queríamos crecer, teníamos que dar el paso a contar con música propia. Más o menos en esa época apareció Laura, que además de poeta es música, es una mujer todoterreno, y con ella hemos ido desarrollando nuestra manera de sonar.

L: Mis once mandamientos salen de los consejos para tocar música en el grupo de Chick Corea, que creo que todo músico/artista coral debería adoptar como dogma: 1. Toque sólo lo que oiga. 2. Si no oye nada, no toque nada. 3. No permita que sus dedos se muevan caprichosamente. 4. No permita que su ego domine su interpretación. 5. No improvise interminablemente. 6. Deje espacio. 7. Oiga su sonido y ajústelo a resto del grupo. 8. Guíe lo que va a tocar por lo que le gusta, no por lo que dirán. 9. Toque para hacer a los otros músicos sonar bien. 10. Toque relajado 11. Toque sólo lo que el tema le pide que toque.

Siguiendo esta forma de relacionarse con el tema, se da una sinergia en la cual la música matiza la forma de recitarse del texto y viceversa, es lo bonito del arte multidisciplinario.

 

Aparece el nombre de Alberto Pérez, un productor del recopetín en la escena alternativa. ¿Qué ha aportado su visión externa al resultado?

A: Alberto y yo nos conocimos hace seis años, apenas un par de meses antes de que Belén, Mad y yo empezáramos Las Hermanas del Desorden. Yo trabajaba con él en temas no-artísticos, pero siempre he encontrado en él una especie de cómplice, alguien que entiende, porque la ha vivido en carne propia, esa pulsión artística que te insta a estar en constante movimiento creativo.

Cuando le planteé la idea de entrar al mundo del Desorden, Alberto vino con todo. Ya íbamos a grabar en Sol de Sants, que es el estudio que codirige y por donde han pasado artistas tan grandes como Morcheeba, The Strokes o Niño de Elche; pero es que no sólo eso: escuchó las demos y quiso implicarse como productor, lo que incluía también darle rienda suelta a su creatividad. Alberto entendió desde el primer momento cuál era nuestra propuesta sonora y, sobre todo, la importancia del verso en un proyecto como el nuestro, que sí, es música, pero sobre todo, es poesía.

L: La ayuda técnica y creativa de Alberto han sido inestimables, ha conseguido traducir nuestras propuestas a un lenguaje sonoro profesional y aportar ideas nuevas, que siempre han sumado al proyecto respetando el esqueleto y las vísceras de los temas. Alberto es el toque maestro, una gran persona, artísticamente sensible y con muchísima experiencia. No podríamos haber tenido un mejor productor.

Castelló es la tercera fecha de la gira de La Musa Suicida, en la sala Zona 3. ¿Habíais actuado por aquí anteriormente?

M: Belén y yo estuvimos actuando en Zona 3 hace un par de años con un proyecto poético nacido sólo para la carretera: Erráticas. Es una de las mejores salas en la que estuvimos actuando, ya que a nivel técnico cumple con muchos de los requisitos que ayudan construir visualmente un espectáculo. El publico de Castellón no nos ha visto aún en nuestro formato del Desorden y os animamos a venir a descubrirnos el 24 de Abril.

B: Nos quedamos con muchas ganas de volver a venir, la sala es espectacular, y en Castellón además el arroz que nos comimos estaba muy rico :)

¿Cambia mucho la forma de afrontar el show en el primer bolo, el tercero y el décimo, por ejemplo?

L: Seguro, aunque cada lugar es una aventura distinta. Y seguramente en el décimo bolo has aprendido a lidiar con los pequeños roces de grupo, el cansancio y el dolor de espalda. Es un viaje hacia delante como artista y como persona. No sabemos hacia dónde, ¡pero lo importante es moverse!

B: El primero siempre tiene la emoción de los nervios, que hay que controlar para que todo vaya rodado, pero que siempre le imprime una vida muy especial. Los siguientes suelen ser más precisos pero el peligro está en no caer en quedarse muy técnico, por lo que la conexión con el público es importantísima. El último vuelve un poco a la energía del primero pero la sensación de despedida está más presente.

A: Con el tiempo, incluso, las emociones de los poemas van mutando. El dolor, amor o rabia con la que escribiste el poema empieza a diluirse, a cicatrizar, madurar y a transformarse en otra cosa. Así que no podemos confiar sólo en las emociones a flor de piel para poder “mover” al público. Aquí entran otros factores como la calidad de la interpretación, la técnica, incluso eso que llaman “tablas”. El reto, creo, será que siempre aprendamos algo, que no perdamos la ilusión por subirnos a un escenario a compartir nuestros poemas y que logremos hacer que la poesía sea un arma contundente de emociones y sensaciones, para nosotras y para el público, siempre, en el bolo uno y en el bolo mil.

 M: Creo que son diferentes etapas del mismo viaje, cada bolo es distinto y especial. Para mí, los nervios siguen estando allí en el décimo bolo, pero los manejas de otra forma. Cada bolo es un campo de batalla por conquistar.